La princesa de un Reino Unido en un futuro indeterminado (o en un presente alternativo, quién sabe) es secuestrada y su captor reclama una acción, llamémosla inusual, para su liberación: que el Primer Ministro practique sexo con un cerdo a las 4 de la tarde, en directo en todas las televisiones del país.

El líder político es despertado de madrugada para visionar el video con el mensaje en voz e imagen de la propia heredera de la corona. “Que esto no salga de esta habitación” ordena el líder del país ataviado en su batín. “Señor, está en Youtube; ya lo han visto más de 45.000 personas”.  Y sólo es el comienzo; en nada la noticia se convierte en TT en Twitter e inunda la red.

Así arranca “The National Anthem”, la primera de las tres historias que Charlie Brooker concibió para Channel 4 bajo el título de Black Mirror, miniserie que hoy estrena en España el canal TNT.  

En los tres actos restantes Brooker se ceba con unos políticos esclavos de las encuestas, dirigidos por asesores carentes de cualquier tipo de empatía, casi robóticos, sobrepasados por una situación para la que no hay manuales; en la que no hay históricos en los que basarse y sobre la que deben improvisar.

Otra víctima de la satírica visión de Brooker son los medios que ansían la exclusiva a cualquier precio y que no dudan en convertir noticias en consumibles de usar y tirar. Quizás, como periodista, con quien menos se ensaña Brooker es con sus colegas. Ya hizo lo mismo David Simon, en la temporada final de The Wire, dejándolo todo en un par de manzanas podridas y cargando sus tintas primero y los angulares de las cámaras después en los empresarios de los medios más que por quienes pueblan las redacciones.

Y sobretodo, Brooker se recrea en una sociedad hipnotizada por los medios, obsesionada por la anécdota, por la guarnición más que por el filete; que una vez “ha consumido” el evento no tarda ni un segundo en buscar y encontrar algo nuevo, o mejor dicho, algo más, para saciar su incansable necesidad voyeurística. La moraleja final nos deja dos conclusiones: la primera, la prematura caducidad de cualquier evento y la segunda, la más rotunda, que  si no levantamos la vista de la pantalla,  nos perdemos la realidad.

No te pierdas hoy, Black Mirror en TNT y dinos si tras verlo te puedes quedar igual.